miércoles, 25 de enero de 2017

Crecí, llegué tarde, perdí algunos trenes... (6)

  Ya no puedo pensar en un día en el que abras la puerta, ingreses con tu enorme sonrisa y desorganices mis ideas. Ya no puedo volver a reír entre dientes por algún comentario tuyo en “nuestro” lugar inadecuado. Ya no puedo esperar por sentir tu perfume todos los martes. Ya no puedo disimular ante los demás con tu presencia. Ya no puedo querer rozar tu barba. Ya no puedo ponerme nerviosa con tus mensajes. Ya no puedo rechazar tus invitaciones. Ya no puedo esperar tus propuestas. Ya no puedo porque volé un ratito (como siempre) y caí rápido, me sacaste las alas. Sí. Pero en vos se hicieron enormes y te transportaron a un paisaje ahora frío donde seguramente abrirás nuevas puertas y te recibirán en un idioma que desconozco.
  Lo admito, yo quería seguir en ese planeo intermitente con vos, volando suavecito y con alas frágiles  sin embargo, fui sincera al decir que me alegraba por tus cambios de vida tan anhelados.
  Tus alas siempre serán más fuertes. Las mías hoy, fuera de mí, están repletas de ilusiones y luciendo colores pálidos.


martes, 5 de julio de 2016

Crecí, llegué tarde, perdí algunos trenes... (5)

 Me siento una estúpida volviendo por estos lares para continuar lo que alguna vez comencé a escribir. Pero, bueno, así soy. Nadie me va a contradecir.

 Manejo la puerta que siempre se vuelve a abrir porque entrás con tu inmensa sonrisa y no sé cómo dar un portazo. Ya sabés…cuando el aleteo comienza es difícil frenarlo.
 Me gusta el jueguito que, en estos meses, armamos. Lo dicho, lo simulado y lo susurrado se entrecruzan entre sensaciones y perfume.
 Lo que debe quedarme claro es que no somos dos.
 Hay más puertas, más dichos y más perfumes para otras. Y por esas reglas nunca dichas, supuestamente, yo también debería simular, decir y susurrar sobre otras sonrisas pero no sé cómo (no quiero) porque siempre está la esperanza (aunque me cueste admitirlo) del cambio. A pesar de que el último silencio me demuestre lo contrario.

 Sí. En el transcurso del juego, el aleteo es constante pero muy relajado. Saber que puedo contar con vos, aunque sea por un ratito me acerca, lo sé, al dolor que, próximamente, me recordará la certeza pedestre. 

sábado, 19 de marzo de 2016

Crecí, llegué tarde, perdí algunos trenes... (4)

En el día más tranquilo de la semana, en el lugar donde más a gusto me encuentro de pronto escuché una voz conocida, levanté la mirada y…sí, efectivamente, entrabas VOS, otra vez con tu inmensa sonrisa y con tu ¿arrogancia tierna? parecías decir “atención, acá estoy yo”.
  Obviamente, perdí el hilo de la charla, repetí cinco veces (o más) el mismo vocablo y quien me escuchaba atentamente, esbozó una risita cómplice.
  A partir de ese momento, dejé de estar allí. Empecé a volar con ideas posibles hasta que las preguntas que los otros te hacían, me dejaron en claro tu presencia (ya no esporádica) sino ANUAL en el lugar.
  La bomba en mi estómago se hacía cada vez más grande y los cachetes colorados  deberían ser, en mí,  un signo evidente de incomodidad.
  Sí. Lo que era una posibilidad ahora es una certeza: Volviste a mi entorno y te movés en él con tanta soltura… La misma que usaste, sin desperdicio, para escribirme a las horas y para hacerme sentir-vos, sin saberlo- que el tiempo pasó en todos menos en mí.

  ¿Arrancó el juego? Guardaré las alas en el bolso, por si acaso…

viernes, 26 de febrero de 2016

In situ

Después de comentarle mis miedos e inseguridades frente a diferentes hechos vividos y por vivir, una amiga me responde: “Vos quedate tranquila, porque estás en el lugar indicado.” La frase se esfumó entre otros temas, pero ahora acá frente a la pantalla de la computadora, no puedo dejar de pensar… ¿Estoy en el lugar indicado? ¿Quién puede afirmar eso? ¿Será que estoy en el lugar indicado pero no en el momento justo? ¿Eso se logra?
  Nunca me caractericé por hacer las cosas en los períodos correctos, o mejor dicho, establecidos. Con algunas cuestiones, soy atemporal y nunca me interesó la diferencia con el resto, pero hoy necesito tener la certeza de, al menos, estar en el lugar apropiado y por qué no en el momento exacto.

  Diviso un camino que en sí no sé a dónde me lleva (puedo suponerlo), veo nubes de temor, tal vez algunos chaparrones de dudas. Espero que mi paraguas de palabras escurridizas se abra con firmeza creciente. 



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Qué raro se siente volver por estos lares, después de tanto silencio. 

viernes, 27 de noviembre de 2015

Crecí, llegué tarde, perdí algunos trenes... (3)


   Y en ese, “a veces te olvido” en el que me encuentro a pesar de los meses, el destino se empeña en cruzarnos. Hace unos días, simplemente, bastó que alguien dijera “se acuerdan de…” para que, como por arte de magia (sin exagerar), aparecieras otra vez.

  Sí.

  La puerta se abrió e ingresaste con tu inmensa sonrisa. Pediste permiso, claro, después de que otros miembros de la sala te insistieran para entrar. Me saludaste de manera rápida y percibí tu incomodidad inicial en el roce de tu mejilla junto al escurridizo “cómo estás”. Sin embargo, te adaptaste enseguida a la situación y te convertiste, obviamente, en el centro de atención general.

  Después de que abandonaste el lugar, todos los presentes me cuestionaron. Ellos  me exigían una explicación. Por eso, me gustaría preguntarte por qué, en el transcurso de la charla grupal, me mirabas tan chispeante y por qué, al mismo tiempo, te sonreías. Y te lo preguntaría, porque, justamente, al recibir esos gestos no podía dejar de corresponderlos entre tus mismos juegos de disimulos, los cuales, claramente, fueron de muy malos actores.  

  Estoy aleteando otra vez. Si al menos pudiera ser siempre etérea para no sufrir con el golpe…

martes, 29 de septiembre de 2015

Crecí, llegué tarde, perdí algunos trenes... ( 2)

  La resistencia que ejercían las alas adheridas a aquella puerta se hacía sentir (mucho). El deseo de aferrarse a algún nuevo ideal para lograr a la fuerza la ruptura, era un pensamiento repentino. Pero, no. Se seguía con ese dolor punzante de certeza pedestre.
  Hasta que un día, el dueño de la puerta apareció. Sí. Con una excusa, con varias preguntas y con, obviamente, mi respuesta inmediata. El dolor de las alas tensas, alejadas, comenzó a disminuir ya que él se estaba acercando. Otra vez los mismos planteos, otra vez los mismos disfraces y la certeza constante del “no debo”. Sin embargo, ellas aleteaban y yo, de nuevo, me dejé llevar  buscando un nudo en la trama a sabiendas del desenlace, del posible final, del…
 


  La resistencia que ejercen las alas adheridas a aquella puerta se hace sentir. El deseo de aferrarse a algún ideal para lograr a la fuerza la ruptura, es un pensamiento constante. Pero, no. Sigo con ese dolor punzante de certeza, por el momento, pedestre. 

domingo, 7 de junio de 2015

Crecí, llegué tarde, perdí algunos trenes...

  Llegué apurada y ojerosa. Me senté y no escuché sobre qué hablaban los demás. Volví al mundo real, cuando la puerta se abrió y entraste con tu inmensa sonrisa. Me saludaste distinto, claro, por primera vez acortando mi nombre y estoy segura de que mis ojos hablaron porque después del roce, más que sugerente, de nuestras mejillas, alguien me dijo “¿todo bien?” Traté de disimular mientras noté que me mirabas de reojo y esbocé alguna frase ridícula sobre el cansancio y el resfrío. Pero recibí como respuesta un “¿estás segura?” que no llegué a responder porque nuevos integrantes llegaban a la sala y entre saludos, por suerte, se perdió la apreciación. Vos, seguías sonriente.
  Entonces, a vos te digo, que después nos volvimos a cruzar y me dijiste, simplemente, “chau,nos vemos” con la misma sonrisa impecable porque, claro, había que seguir disimulando. Y me miraste con esas chispas verdes como queriéndome decir otra cosa, me gustaría creer, impedida por estar enfundados en nuestros disfraces laborales.
  A vos, que me hablaste todos los días en el momento que más lo necesitaba, que sin saberlo me brindaste el apoyo deseado y la alegría inevitable. A vos, que me saludabas con esa expresión de complicidad, aparentemente, genuina. La cual, cubría lo que en definitiva, se sentía y disimulaba en público.
  Sí. Vos. Ya sé, no querés nada serio, no me lo dijiste de manera explícita pero me lo dibujaste en cada comentario al azar. También puedo suponer que lo sucedido te cayó como un balde de agua helada y ni se te había cruzado por la cabeza,  no pudiste disimular tu actitud de sorpresa ¿no? Bueno, no sé. Tal vez la culpable soy yo. Pero me dejé llevar, sí, a mi manera.
  Ahora estoy escribiendo esto, no sé para qué,  y veo cómo el celular se carga. Ya vi que estás “en línea” y te quiero escribir un “hola” pero ¿me resisto?, me resisto de la misma manera que ese viernes a la noche cuando terminé entre tus sábanas riéndome de tu claro de luna y pidiéndote que me abrazaras más fuerte.
  No sé cómo se actúa en estos casos, te dije que vos estabas yendo muy rápido y yo necesitaba tiempo. Vos enfatizabas en que podíamos simular ser dos desconocidos en el ambiente cotidiano y ahora… ¿Vamos a terminar como dos extraños entre nosotros, también?
  Si yo no soy lo que anhelabas, si mis besos te parecieron vacíos, si mi timidez no te gustó pido, que entreabras otra vez tu puerta y me ayudes a despegar mis alas de allí. 

martes, 3 de marzo de 2015

Rápido registro onírico *

- Estaba feliz en una relación con un chico divino. Disfrutábamos de unas vacaciones en un hotel donde había varios familiares y amigas mías. Y de pronto, nos quedábamos solos en una habitación rara con varias escaleras, él me abrazaba y yo me sentía chiquita sobre su pecho, nos besábamos y se convertía en otra persona, en una piba que durante toda la infancia me traumó. Yo me alejaba, asustada, asqueada y ella/él, a mitad de mutación, se reía de mí.

-Susana Giménez visita el barrio. No soporto la locura de la gente pero me acerco a la Iglesia donde va a realizar su acto (sí, en una Iglesia). Llego y están ocupados todos los asientos, todos los costados…Una multitud se agolpa cerca del altar. El sacerdote tiene cara de resignación. Unas monjitas dicen “La Su tenía que venir para que esto se llenara”. Salgo expulsada por la cantidad de personas y veo a la estrella, a quien todos esperan en la parroquia,  en la parada del colectivo, con una capelina blanca y anteojos negros, desesperada por huir. Me acerco. Me pregunta qué micro se puede tomar. Pienso en una amiga quien es fanática de ella. Le respondo, un tanto confundida. Susana se toma el que va hasta el centro y me saluda desde la ventanilla. La gente empieza a abandonar la Iglesia, uno la ve y empieza a perseguir el colectivo. Mi amiga me reprocha la actitud.

- Un chico me seguía por la calle. Asustada elegía quedarme en una parada de micros. El chico se quedaba cerca de mí. La gente se alejaba en el colectivo indicado. Él me daba charla. Me quería robar la campera de cuero. Yo, de pronto, me sentía atraída por él. No sabía cómo manejar la situación. Le daba la campera, él se iba contento y yo me quedaba con ganas de algo más.

- Me despierto y descubro que me quedé dormida. Voy, desesperada, al baño. Empiezo a escupir dientes. Sonrío, con una carcajada poco cuerda y me veo los grandes espacios frente al espejo.Cierro la boca. Mi lengua se entretiene con los "agujeros".

-Tenés 19, no importa,ya fue” Camino de la mano con un chico que, en el pasado, fue mi alumno. Por el trato parece un noviazgo. No me reconozco en ninguno de los ideales que comento en esa extensa caminata con él. Focalizo mucho mi mirada en sus ojos celestes y  sobre todo, en su barba rubia. 

-Estoy cansada de subir la escalera. Nunca termina y es tan raro todo. Parece que está en el aire. A los costados, otras escaleras vacías, decoran pero, al contrario de la que piso, no llevan a nada. Me despierto. Me duermo y sigo subiendo esa calera sin fin.

-Hablo con un hombre mayor, de ojos tristes y cristalinos, en una habitación que sólo tiene dos sillas, las nuestras, y una puerta marrón. Por momentos siento que estamos encerrados, pero no parece importarme, estamos hablando tan bien y él cuenta cosas tan interesantes, las cuales no recuerdo, que apoyo la espalda en el respaldo de madera y me relajo.

- Era un personaje de La invención de Morel. No recuerdo exactamente quién era yo, supongo que una más del montón... Lo que sí sé es que me desperté diciendo frases que, con el correr de la mañana, olvidé y a pesar de que desayuné posando mis ojos sobre el libro, no las encontré.


- Tengo los dientes tan torcidos y se mueven tanto que al momento de hablar sólo puedo repetir “fuufuuufuuf” con un dolor punzante en toda la boca debido al entrecruzamiento de piezas dentales.

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* El porqué: Escribí en esta entrada, a fuerza de rápidos recuerdos, algunos sueños del 2014 y dos de 2015.Los tenía bien escritos y con lujos de detalles, en una libretita cuya función únicamente era para registrarlos… pero desapareció. Años anteriores me pasó lo mismo con archivos de Word. Los que conté por este medio, no desaparecieron, así que, acá quedan estos “nuevos”. Obviamente algunos tienen significado simbólico a favor o en contra de lo vivido y otros los siento tan ajenos, que, simplemente, me asustan.

Quedan escritos, sueños, sean libres. No hablen tan mal de mí.

viernes, 13 de febrero de 2015

¿Por qué siempre nos tenemos que adecuar a los otros?

  Hay una fecha que me convierte en más problemática. Un día en  el cual, parece, voy en contra del mundo y él se empeña en mostrármelo, en cada llamado, en cada visita, en cada mensaje. Fue, en otras ocasiones un día festivo, torta, velitas, comida, familia, amigos, salida, pseudodescontrol pero… Tal vez comentando cómo en esa jornada todas las luces  de la filmación mental apuntan a la misma persona, a mí, se entienda el calor interno y el rechazo.

  Entonces…plantear la idea de vivir mi cumpleaños como un día normal, o peor aún, un día para estar en mi casa, así, sin más, respondiendo los llamados… para varios es motivo de locura.  Es impulso necesario para hablar, en secreto, sobre lo mal que estoy o sobre las rarezas de mis vivencias. 

   Mi respuesta frente a la cuestión: ¿Por qué siempre nos tenemos que adecuar a los otros? Otros, “mis otros”, los que me quieren, los que siempre están pretendían aunque sea una reunión nocturna tranquila, un encuentro vespertino, o una luz verde para aparecer en casa. Pero esta vez dije no. En esta circunstancia, planee una huida con la familia de origen y aunque no resultó a la perfección porque apareció mi abuela con su ramito de flores y su saludo “felices 25+ 2”, fui feliz así, recluida, refugiada y en pijama.



jueves, 5 de febrero de 2015

Frente al mar

 1
¿La ola no tiene forma?
En un instante se esculpe
y en otro se desmorona
en la que emerge, redonda.
Su movimiento, es su forma.

2
Las olas se retiran
-ancas, espaldas,nucas-
pero vuelven las olas
-pechos, bocas, espumas-.

3
Muere de sed el mar.
Se retuerce, sin nadie,
en su lecho de rocas.
Muere de sed de aire.

                                             Octavio Paz

lunes, 15 de diciembre de 2014

De cómo fueron varios de mis días

 El reloj muestra un seis soberbio separado de dos ceros por dos puntos verticales. Las ganas de comenzar son nulas pero, después de diez minutos prudentes, la responsabilidad hace lo suyo y me encuentro de pie, con varios bostezos atragantados, frente a la taza de café la cual seguramente preparé medio dormida. Me siento en la única silla arrimada a la mesa. Y como todas las mañanas, ella aparece. Podría decirse que es una repetición de días anteriores. Las tostadas me llaman. Un poco de quesito untable. Muerdo. Mastico. Cucharadita de azúcar al café. Revuelvo. Muerdo. Mastico. Trago. Muerdo. Mastico. Bebo. Cambio el punto de contemplación fija. Miro la pantalla del celular que me devuelve un número considerable de mensajes no leídos en WhatsApp. Leo el último: “seguro ya está durmiendo y nos contesta mañana a las 6:30”. Sí, es esa hora. Bebo. Leo los mensajes anteriores para entender la charla. Contesto. Dejo el celular sobre la mesa. Ella me mira. Voy al baño y hago todo  lo que la mayoría de la gente hace ni bien se levanta. Se me hace tarde. Me pongo la ropa que dejé preparada desde el día anterior. Enciendo la tele y un meteorólogo, quien luce una mochila en su espalda, avisa cómo debo vestirme. Siento que voy a tener frío a pesar de que una y otra vez se hace hincapié en la  temperatura máxima del día. Me saco la parte de arriba elegida previamente. Comienzo a sacar una pierna del pantalón, pienso en el jean nuevo. Pienso que voy a tener calor. Vuelvo a poner la pierna en el pantalón de tela  fresca y colorida. Vuelvo a enfundarme con la remera elegida la noche previa ¿Dónde dejé las sandalias? Recorro la casa. Me piso el pantalón. Ella vuelve a hacer contacto visual conmigo. Aunque no parezca estoy apurada y a duras penas, la ignoro otra vez. Haciendo equilibrio me pongo las sandalias. Camino hacia al baño. Busco el perfume. Lo encuentro. Lo uso.  Me vuelvo a lavar los dientes. Me asusto de mi cara y de mis ojeras. Me pongo protector solar.  Elijo ponerme los anteojos sin embargo me guardo en la cartera las gotitas para cuando uso los lentes de contacto. Perfume otra vez. Crema en las manos. Me doy cuenta de que me peiné en algún momento que ya casi no recuerdo o sí. Vuelvo a la cocina. Veo que dejé café. Lo tomo. Me como una tostada. Repito conductas. Vuelvo al baño. Me lavo los dientes de manera rápida. No me quiero mirar en el espejo. Me escapo del habitáculo.  Busco la cartera que en algún lado apoyé. Ella ya me mira con más insistencia, casi pegando su naricita contra el vidrio. Me culpo por ser tan mala. Le recrimino la presencia de su voz. Le hablo apretujando los dientes. Salgo al patio. La acaricio. Le pongo comida. Le pido perdón por no haberle abierto la ventana antes. Ronronea. Hacemos el último contacto visual. Ella hace sus piruetas. Cierro la puerta. Busco la SUBE.

ELIPSIS ELIPSIS ELIPSIS ELIPSIS

  Estoy caminando hacia casa. El regreso siempre varía. Camino ligero por las callecitas del barrio. Tengo hambre. Escucho una moto muy cerca. Más cerca. Aprieto contra el cuerpo la cartera. Me doy vuelta. El motoquero hace zigzag sobre la calle. Tiene casco y la cara tapada. Pienso en las cosas que voy a perder. Una mujer, como por arte de magia, aparece por la vereda en dirección contraria a mí. Escucho: ¡Cuiqui lochoro!” Y respondo “¿qué?” Mientras, el de la moto acelera y parece que desaparece. La mujer me explica: “es un chorro conocido en la zona...” Hablamos sobre el tema. Escucho otra vez el motor. Pienso que estoy hablando con una cómplice. Corro hacia la avenida. Me encuentro con un montón de hombres vestidos con mamelucos azules. Parece que se rompió un caño. Camino ligero. Camino ligero. ELIPSIS. Llego. Un papelito en la mesa indica que estoy sola. Ella aparece en la ventana. Contacto visual Abro. Ronroneamos. Le grito lo hermosa que es mientras la acaricio de manera exagerada. Frena tanto cariño con su patita suave en mi cara. Le hablo con los dientes apretados: “Ay, cómo te quiero”.

ELIPSIS

domingo, 23 de noviembre de 2014

¡¿Qué?!

¿¡23 de NOVIEMBRE!?  No entiendo cómo pasaron los días tan rápido. Si ayer estaba en septiembre, recibiendo la primavera…
Necesito despertar de la monotonía.Ah, ¿ya desperté?
¿Qué me está pasando? A mí no me avisaron que el paquete de pseudoadulta contenía menos días.

 Abróchense los cinturones. Respiren. Cierren los ojos. Hola, qué tal, bienvenidos a la eternidad. 

miércoles, 1 de octubre de 2014

Tanta primavera que no logra llama...




LLUVIA PASADA

Siete días largos la lluvia monótona
golpeó mi ventana.
Siete días largos.
El corazón mismo se llenó de lágrimas.
Nubes en los labios,
En el pecho sombras,
libros en las manos, las mejillas blancas ...
Siete días largos ...
Las aceras húmedas, los negros paraguas.
Hoy nacieron cuatro rosas purpurinas
y están en mi cara.
Oro de los cielos puso ruiseñores
en todas las jaulas.
Sangre borbotea, los pies no se apoyan,
la carne es estrecha y el alma rebalsa;
fluido que ahoga me rodea el cuerpo:
Abierto los poros no retengo el alma.
¡Oh, lástima, lástima!
Tanta primavera que no logra taza
Para ser bebida.
Tanta primavera que no logra llama
Para ser quemada.
Tú, ¿dónde te ocultas, tú, que no has logrado
todavía telas, redes, cribas, mallas,
donde enredarían mis flores azules
vencidas de amores a dulces palabras?
¿Dónde las dos manos de acero y de seda
que me tomarían en esta mañana
solar, para nunca soltarme; las manos
que habrían de hacerme roja siendo blanca?
¡Oh, mi primavera que logró su alma;
oh, mi primavera en sus manos fuertes
perdida y gustada!

                                         Alfonsina Storni 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Principio de incertidumbre

  



Antes de la canción, Ismael dice: “En 1927 un matemático formuló el Principio de Incertidumbre. Venía a decir algo así como que… nada se puede predecir con exactitud, siempre queda un margen de incertidumbre en el conocimiento humano. Y en ese margen de incertidumbre yo siempre pensé que estaba la música, las canciones…
El principio está relacionado con el hecho de que, el observador, por el mero hecho de ser testigo, influye en la realidad que está observando, la altera, introduce una variable de indeterminación.
Y esta noche, si a ustedes les parece bien me gustaría hacer un experimento.
Me gustaría demostrar que cada canción es diferente simplemente porque tú estás a mi lado. Cada concierto es diferente porque tú lo escuchas, porque tú cantas conmigo.
Así que, manos a la obra, nada está escrito, la historia no ha terminado.

Quizás los siguientes días sigan siendo terribles y grises, puede ser… pero puede que no, puede que todo cambie. Que los días que tienen que venir abran ventanas a la esperanza, éste puede ser un buen comienzo, éste puede ser un buen principio…. principio de incertidumbre."

miércoles, 16 de julio de 2014

La rana que quería ser una rana auténtica

 Había una vez una rana que quería ser una rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello. Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.
 Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una rana auténtica.
 Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.
 Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena rana, que parecía pollo.

Fábula de Augusto Monterroso. No hace falta agregar nada más. Tal vez esté monotemática por este rincón a lunares, pero hay ciertos temas que me están arrastrando por un piso rústico y duele. 

miércoles, 11 de junio de 2014

viernes, 4 de abril de 2014

Quién es quién

  El murmullo de los transeúntes se unía al ronroneo feroz de la avenida sin embargo, la brisa suave de mañana estival y el sol cálido acompañaban la charla amena al cruzar una a una todas las cuadras que nos separaban del lugar de destino. La conversación rondaba sobre temas superfluos y clásicos frente a las futuras vacaciones quienes se acercaban, deseosas, con el correr de los días. “Esta vez no nos quedamos con las ganas del bar a orillas del mar nocturno”;  Siempre a último momento”; “Si ahora llegamos y no está lo que querés, no te acompaño más, eh…menos mal que salimos temprano para los últimos detalles.”

  Risas, reproches y propuestas hasta que el entorno se hizo presente cuando en un momento alguien que venía frente a nosotras me clavó la mirada. Escuché en voz baja ¡ay! ¿por qué te mira tanto?  Y no pude responder. En las milésimas de segundos que duró el contacto de miradas, mientras él  y yo seguíamos nuestros caminos opuestos, un  lo conozco” repetitivo me invadió de certeza difusa.  “Lo conozco” ¿Quién es? “¿Lo conozco? ¿Quién es? ¡Lo conozco! ¿Quién era? Mariposas en la panza. La reflexión me hizo dar vuelta rápido para mirarlo nuevamente, o para seguir con el contacto ya que al instintivamente mirar hacia atrás, sin necesidad de buscarlo, él, también, me estaba mirando, buscando  con la mirada y sonriendo con complicidad.  Nuevamente escuché a mi hermana, al  buscar el frente de mi camino, que me decía “Te sacó fotocopia” y como un mandato lanzaba  “¡Ya! Me decís quién era”.

  El silencio entre ambas duró una cuadra. “Ahora te cuento” le dije, sabiendo que no tenía qué decir. Contarle que había sentido algo extraño era tal vez exagerado; decirle que estaba segura de que no lo conocía era ridículo porque ella también había percibido un contacto más allá de ese micromomento. Había visto la risa entre ambos, la mirada de él antes de que yo lo percibiera…  De repente, mi hermana interrumpió  mis pensamientos un minuto y me dijo, como tantas otras veces, “no puedo dejar de mirar a la gente a la cara”. Mi respuesta, como tantas otras veces, fue “no tengo los anteojos, me gusta no ver todo tal cual es”.  Y aunque ella me tildó de exagerada y yo sé que la miopía que me afecta no es para tanto, a veces sirve de excusa para entender las situaciones que la realidad no me permite explicar. ¿Quién era? No sé. Estoy muy segura de que nunca en mi vida, desde que tengo recuerdo,  lo vi, pero sentí una conexión cotidiana y feliz. Un lazo más allá de la contemplación esporádica de dos transeúntes que se observan entre tantos y parecen atraerse.  Él me conocía y yo a él. De dónde, no lo sé.

  

miércoles, 26 de febrero de 2014

Gente de palabra

Estuvieron todo un año ofreciéndome un puesto a futuro. Se cansaron de halagarme, de demostrar los beneficios de mi presencia y hasta aventuraron posibles situaciones gratas al respecto. La certeza, que a fuerza de tanto comentario se había instalado en mí, se evaporó ferozmente cuando, con miradas cómplices, me presentaron a “la nueva” que hoy ocupa ese lugar “apalabrado”.

 Frustración,. Impotencia, sí. Papa en la garganta, ausencia de palabras, risa falsa y hasta luego.