Había una vez una rana que quería ser una rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello. Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl. Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una rana auténtica. Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían. Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena rana, que parecía pollo. Fábula de Augusto Monterroso. No hace falta agregar nada más. Tal vez esté monotemática por este rincón a lunares, pero hay ciertos temas que me están arrastrando por un piso rústico y duele. |
( Un lunar es una mancha en el rostro u otra parte del cuerpo, producida por una acumulación de pigmento en la piel. Este blog tal vez contenga pigmento lunático )

miércoles, 16 de julio de 2014
La rana que quería ser una rana auténtica
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Vengo de la entrada anterior :p
ResponderEliminarMe hiciste recordar la definición de Karen Horney sobre la neurosis: Neurosis es que un gato, pretenda ser perro.
No hay que hacer nada para ser auténtico, el gato es gato, la rana es rana... El resto son puras necesidades neuróticas...
Todo es por unas ranas que me están rodeando. Me gustaría acusarlas de neuróticas. Me hiciste acordar una canción que canta mi mamá de Alejandro Lerner, dice : "nena neurótica de familia bien, de padre psicótico y de madre también, colegio privado muy cerca de Dios, cerebro envasado en formol... Lee los libros que hay que leer, todos de memoria y sin entender...dos o tres temas de conversación..." Bueno, estoy mezclado todo.
EliminarEn realidad no estás mezclando nada... La nena neurótica de la canción de Lerner pretende ser algo que no es, igual que la ranita de la fábula...
EliminarCuando puedas elegir, arrastrate sobre un piso de parquet recién encerado... Casi no duele, y hasta resulta divertido :p
"El infierno son los otros". ¡No! El infierno es dejar que los otros nos afecten en exceso. Así que (en la medida de lo posible) no prestes mucha atención al croar de las ranas, que cuando pase la lluvia se van a callar.
ResponderEliminarO sea, cuida tus lunares, que podes terminar rayada :P
Rayada ya estoy por otras cuestiones...Ciertas actitudes del entorno me afectan en exceso,Mr. Popo.Pero voy a intentar manejarlo mejor (No te prometo nada...)
Eliminar¡Gracias por tu comentario!
En ocasiones, sólo en ocasiones, es necesario no pensar tanto. Parar un rato, olvidarse de os demás, de lo demás. Respirar despacio y sentirse rana o pollo, águila o ardilla.... Al fin y al cabo de saberse uno mismo.
ResponderEliminarSí, coincido, Carlos, coincido.
EliminarEntonces, lo que nos propone Augusto es que nadie sabe realmente lo que es sino hay otro alguien que nos lo dice... Patético, pero real.
ResponderEliminarSuerte
J.
¿Cuántos nos rodean así? Totalmente, patético pero real.
EliminarNo niego que muchas veces intentamos encontrarnos en lo que dicen de nosotros, pero no siempre sirve. Claramente.
Gracias, igualmente.